La virgen de los dolores.
Por Arturo Aguilar
Lucia llego un día como cualquier otro a la oficina, el sonido de sus tacones llamo mi atención. En su primer día de trabajo en la oficina, todos los compañeros fieles al instinto de competencia, se mostraban condescendientes y atentos con ella, para cortar una flor de su jardín.
Mi lugar se encontraba al lado del patrón. ¿La mano derecha? podría ser, pero yo creo más bien, era la mano con la que se limpiaba, porque siempre me regañaba sin ninguna explicación. Así que me limite a observar su caminar y a escuchar esa voz interior que decía: Tadeo, no es lo que piensas.
Al terminar la jornada, vi que estaba a mi lado, nuestras miradas se cruzaron. Ella se limitó a decir: Lucia. Sonreí y le extendí mi mano: Soy Tadeo. Salimos juntos de la oficina y observe que un chico la esperaba. Nos despedimos y vi cómo se alejaba. Camino a la universidad, conversaba con mi voz interior, yo le preguntaba: ¿Es real? Mientras la voz decía-. Vamos a creer que es real y que piensas hacer con… Mientras sonaba el celular. Era Eréndira. Mi pareja desde hace ya un tiempo, era como una sombra, evitaba a toda costa que estuviera lejos de ella, no le gustaba beber, sin embargo, bebía conmigo la cerveza en el mismo vaso, en los viernes de socializar. Era una camisa de fuerza que le daba sentido a mi vida, hasta ese día.
Conteste el teléfono, Eréndira se limitó a decir: Chaparro hoy no podré ir a la escuela. Lo siento, cuídate mucho. Y corto la llamada sin poder decirle un Hola o preguntarle el porqué. Trate de regresar a la charla con aquella voz. Pero la próxima parada, era donde debía bajar.
Ese día no pude dejar de pensar en Lucia y en esos ojos como puntas de meteoro.
Al día siguiente, llegue temprano a la oficina. Para evitar el regaño, correspondiente. De un momento a otro se escuchó un silencio incómodo. Cuando Lucia entro por la puerta de la oficina, no podía quitarle los ojos de encima. Mientras pensaba para mis adentros.-Lucia eres como una enfermedad… subes la temperatura.
Ese día me limite a tratar de indagar quien era el chico que la esperaba por la tarde y saber qué tipo de relación tenía con él. En efecto era su novio y estaban comprometidos. Lucia aseguraba que lo conocía desde que tenía uso de razón, que su destino estaba al lado de aquel chico. Yo asegure que no creía en las relaciones largas. Ella solo me miro, sonrió, para después regresar a su lugar.
El resto de la semana, no le vi a Eréndira ni la sombra. Estaba más preocupado por esa electricidad que sentía por Lucia, al verla caminar. No podía dejar de pensar, sus labios golpeando los míos, con una intensidad frenética. Cuando mi voz interior me aconsejo que debería tomar distancia por ahora, por si quería a Lucia o Eréndira, lo mejor era esperar una coartada.
Así que en la semana que vendría, me limitaría a dirigirle la palabra lo esencial y competente al trabajo a Lucia. En cuanto Eréndira, seguramente regresaríamos a lo de antes, a compartir extensivamente todo, a las charlas con sus amigas al café y a beber dos cervezas con mis amigos para terminar los días haciendo lo que ella decía.
En esa semana no había visto a Eréndira dos días y en cuanto a Lucia, parecía que a ella le sentaba bien que yo no estuviera encima de ella, como mis compañeros. Es más se decía que yo le tenía miedo a Lucia, a lo que respondía.- ¡Ay ya déjenlo!, es una monada. Seguido de las risas que se desataban en la oficina. Y así fue como transcurrió el siguiente mes, con las ausencias de Eréndira y el juego con Lucia sobre si era un miedoso o no.
Un viernes como cualquier otro, Lucia se fue sin decirme adiós, lo cual me sorprendió. Para cuando yo salí de la oficina, vi a Lucia que esperaba a su novio. Seguí caminando. Mientras pasaba a un lado suyo, ella grito.- ¡Tadeo! , yo detuve mi andar, solo gire un poco la cabeza para observarla. Cuando escuche su voz decirme ¿A dónde vamos? hacia al centro a reunirme con unos amigos para beber una cerveza. Le dije. Ella pensativa, contesto.- ¡Esta bien vamos!
Camino al bar, Lucia me contaba que la rutina con su novio, la estaba matando. Que aunque era un buen tipo, no entendía el cómo era posible que la dejara con los besos en la boca. Mientras pensaba.- Y yo cortándome las venas, por un beso.
Al llegar al bar le presente a mis amigos: Elías, Santiago y David, así como a las chicas: Yesenia, Laura y Erika. Ese día bebimos hasta que nos corrieron de aquel lugar, el baile y la fiesta que traíamos nos llevó a la casa de David, continuamos hasta que de repente perdí la noción del tiempo. Recuerdo que todo me daba vueltas y que se repetían imágenes de cómo le arrancaba la ropa a Lucia.
Desperté al día siguiente con una frase que era emitida desde un radio a todo volumen y que retumbaba en mi cabeza.- Hay alguien que le da lo que ella quiere… Todos aun dormían y yo no sabía que solo estaba en calzoncillos hasta que tropecé con un sillón. Lucia no estaba, por ninguna parte. Así que corrí al cuarto de David para ver si se encontraba ahí y desde la puerta entre abierta, observe como descansa tiernamente.
Lo sucedido esa noche se convirtió en una costumbre de cada viernes, en la cual disfrutábamos bailando, jugando y bebiendo. Algunas veces Santiago nos contaba sobre sus clases de escritura y de las historias que le parecían interesantes en la facultad. Yo ya ni me acordaba, de la existencia de Eréndira, ni de sus ausencias que ya eran más recurrentes, ya que Lucia se había convertido, en algo indefinible, pero que no podía dejar de lado.
Los rumores sobre su atracción hacia mí, en la oficina, son ya un secreto a voces. Las bromas con Lucia en los últimos días, esos saludos afectuosos. Habían venido a colocarme la corona de campeón vencedor y al novio del cual nadie sabía su nombre, el sombrero de vikingo.
El tiempo corría y Lucia ya comentaba con las compañeras del trabajo sobre las convivencias que hacíamos en la casa de David, que eran todo un verdadero agasajo y las pláticas de Santiago sobre las clases de Redacción eran la sensación de las chicas de la oficina.
Mi vida cotidiana había dado dio un giro de 360 grados, Lucia era ya parte de mi vida y a Eréndira la veía cada vez menos. En ningún momento me preocupe por pensar que hacer con Eréndira ò como decirle lo que estaba sucediendo, creo que lo que sentía por Eréndira ha pasado a mejor vida.
Todo iba de maravilla, pero como todo en la vida. Tiene fecha de caducidad. Lo que sucedió fue pura coincidencia. Curiosamente ese día llegue temprano a la oficina y todo estaba tan normal como cualquier viernes. Después de meses, era la primera vez que las chicas de la oficina nos acompañaban a la reunión en la casa de David, yo llegaba primero a la casa de David para evitar que el novio de Lucia nos viera juntos.
Unos minutos antes de que saliera del trabajo. Mi celular sonó, era Eréndira. Me limite a desviar la llamada. Para cuando salí, vi a Eréndira platicando muy plácidamente con el novio de Lucia. Me acerque a saludar a Eréndira y ella me presento a José, así se llamaba el novio de Lucia. Eréndira comento que platicaba con José sobre que sería la última vez que su novia Lucia, iba a trabajar a la oficina. Pues se iban a casar en los próximos días y ya no era necesario que trabajara, además de que estaba embarazada.
A Tadeo se le subieron los colores al rostro, sintió que le faltaba el aire. Eréndira aprovecho ese momento en el que Tadeo se quedó sin aliento para entonar una palabra, para decirle.- Bueno Tadeo te has de imaginar a que he venido, lo veo en tu rostro, por favor, no hagas esto más difícil, no me llames, no busques. ¿Está bien? Eréndira extendió un sobre color mostaza. Diciéndole a Tadeo.- ahí viene toda la explicación. Cuídate Tadeo. Un gusto José y muchas felicidades porque pronto serás padre, yo algún día me convertiré en madre también.
José, trato de abrazar a Tadeo. Y le comento.- Caray no sé qué haría si mi Lucia me hiciera lo mismo. Que te digo. No hay palabras para lo que te acaban de hacer compadre. Mientras Lucia se acercaba a ellos. José le dijo.- Bueno mi hermano, échale ganas, ojala volvamos a vernos algún día se ve que eres un buen tipo. Mientras Lucia le decía adiós a Tadeo con la mano.
La incertidumbre se apodero de Tadeo, así que se limitó a observar como Lucia se alejaba de la mano de José. Lleno de preguntas y algunos hubieras, Tadeo llego a su casa. Para sumirse en la oscuridad de su cuarto, caer en un largo sueño, que le duraría hasta el mediodía del sábado. Un sueño sobre el mesías del rock lo había devuelto a su realidad.
Cuando asimilo lo que había sucedido, Tadeo, recordó aquello que le había dado Eréndira. Así que abrió el sobre color mostaza. Dentro había una hoja de arroz en donde había escrito Eréndira de su puño y letra.
Tadeo
Muy seguramente te abras dado cuenta de mis ausencias a tu lado. La verdad es que ha venido a mi puerta el amor. Si el amor. Te preguntarás que como es que lo sé. Digamos que el amor platónico de toda mi vida, me ha pedido una oportunidad y se la he dado. He descubierto que es mi príncipe azul, le gustan mis comidas a base de lechuga, toma sus pastillas de alfalfa para desintoxicarse y no beber alcohol, además tiene una voz, que hasta canta en el coro de la iglesia donde mi mama da catequesis.
Para ser sincera contigo Tadeo, lo que sucedió contigo, quizás fue soledad. Tal vez por eso también te acercaste a mí, porque no le encontrabas sentido a tu vida tan desdichada. Que yo era lo único bueno que tenías. Y bueno mi madre siempre me había dicho que no me convenías, que había mejores ovejas en la viña del señor. ¿Quién lo iba a decir? a mí me ha llegado la mejor, en el momento menos esperado. Pero no te preocupes siempre hay un roto, para un descosido. Así que aún hay esperanza.
De corazón deseo que puedas encontrar el rumbo en tu vida. Ya que estarás en mis oraciones para que no regreses a mi vida nunca más.
Eréndira
Pero que vaina había gritado alguien en la calle. Tadeo hablaba para sí mismo.- Pues menos mal que tuviste tú la desvergüenza de decírmelo Eréndira, sino yo creo que seguiría contigo, viviendo en el infierno de la comida de tu madre.
Ese fin de semana transcurrió tan lentamente que Tadeo pensó que pronto todo lo que estaba a su alrededor se convertiría en piedra. Hasta el aire que respiraba lo sentía tan espeso, que lo asfixiaba. Lo que aconteció después era de esperarse, las tertulias en la casa de David de manera repentina, se acabaron, en un acto de solidaridad, se limitaron a darle su espacio y a presentarle nuevas amigas, para olvidar a Lucia.
Por otra parte los días en el trabajo eran basura, ahora Tadeo traía el sombrero de vikingo y de desterrado. Pues todas las chicas se burlaban de él porque decían que habían visto a Eréndira, cantando por todas las iglesias de la ciudad, al lado de aquel que no se quitaba las gafas. Le decían el bizco porque en la iglesia nunca se las quito mientras duro su gira.
Hasta que un día como cualquier otro después de muchos días, llego el relevo de Lucia, una chica de ojos grandes, cabello castaño y una voz seductora. Entraba por la puerta de la oficina, mientras Tadeo escribía en una hoja.- “Aprender de lo podrido”. Escucho los tacones de la chica y levanto la mirada de inmediato, ella se acercaba a él. Las pupilas se dilataron, sorprendido, dio un trago al café, que bebía desde que Lucia no estaba en la oficina. Mucho gusto, Sandra. Le dijo aquella chica. Él sonrió, y se limitó a decir.- Tadeo.
Aquí comienza nuevamente el juego… pensó Tadeo para sí mismo.

🙂 muy realista la historia, cosas que pasan muy cotidianamente
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