Añoranzas



Por Arturo Aguilar



Nunca me imaginé estar hablando a la nada, ni mucho menos pensé que el alma fuera un plasma diáfano que trasmitía sentimientos al aire. La memoria colectiva de los extraños me ha contado una y otra vez que fue lo que sucedió; hasta ahora no me he atrevido a ver a mi pareja, los amigos de oficina están más tensos porque ahora entre todos realizan mis labores y mi familia, al igual que yo sigue en shock.
De entre tantas almas  que hay en el mundo, algunas se me han acercado para decirme que fueron mis amantes en otra vida y que han esperado por mi alma durante mucho tiempo en la espera de revivir viejas pasiones. Me han llamado de mil formas posibles entre diminutivos, nombres acotados y apodos; nunca me imaginé que el mundo tuviera una memoria tan extensa.
De entre tantas conversaciones que he tenido con las demás almas errantes, hay una versión que ha llamado mi atención. Me ha parecido la más real y es la versión original de una forma de morir, pero también de estar viva. Pues yo era esa persona y esto fue lo que sucedió…
Ese día me desperté alterada, no entiendo por qué nunca escucho el pinche despertador y el idiota de Fernando, que no deja de roncar. Como lo odio al muy cabron, ojala y pudiera dormir como el; como si la vida valiera madres. He tomado un baño y me ha servido para aligerar el mal estar, mientras me vestía trataba de levantar a Fernando y nada que despertaba. Hasta que tome el atomizador y con decisión le rocié agua en el rostro, ahogándose Fernando despertó diciendo– Lo bueno es que nos queremos mientras ponía las manos en el rostro. Como ha podido, se ha puesto el pantalón guinda y su sudadera gris.
Yo me adelante al auto, mientras le tiraba una serie de gritos, pues estaba segura que sino salíamos de inmediato, iba a llegar tarde una vez más. Fernando armado con mi mochila del desayuno corrió a toda velocidad hacia el auto, mientras yo me miraba en el espejo de mi maquillaje para enchinarme las pestañas.
Cuando Fernando entro al auto, se quedó pasmado mirándome por unos segundos. Cuando he sentido su mirada le he dicho - ¿Qué me ves? El muy tranquilo respondió -Es que hoy, te ves muy bonita Luz. No le di tiempo de terminar su frase linda del día y le dije – Hay Por favor Fernando, no digas payasadas y enciende el auto que si no vamos a llegar tarde, recuerda que a mí me funcionas más vivo que pendejo por si tenías duda.
Y así fue como puso en marcha a Sputnik, nuestra nave intergaláctica del amor. El cual compramos en una tarde lluviosa de Abril, para festejar nuestro primer año. Aquel Toyota nos sedujo por su capacidad para aislarnos del mundo y trasladarnos al silencio. Era nuestra burbuja del amor en el que respirábamos la serenidad en cada palabra que tildábamos. Una cabina de sonido que nos abrazaba el alma, nos adentraba a la trivialidad y nuestras almas se entregaban para formar una.
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Fernando hizo una escala en el Starburks que estaba a dos cuadras de nuestra casa, me pareció raro que decidiera eso, sabiendo que iba a regañarlo. El hecho fue que no tardo, ni diez minutos. Cuando ya estábamos de nuevo en camino al trabajo, el invierno crudo se hacía sentir y conforme avanzamos la niebla era más densa, el prendió los faros mientras me miraba con su ojos mudos, tomaba mi mano para besar el dorso. Quien lo iba a decir que después de ese invierno, nada volvería a hacer igual. Fernando me miraba de vez en cuando, mientras veíamos gotas de lluvia caer en el parabrisas. De pronto vino la luz del sol y los árboles parecían de oro, Fernando volvió a verme para decirme que mis ojos verdes combinaban con aquella luz que se filtraba entre la espesa niebla. Cuando nos impactó un tráiler.
El mundo se oscureció de un momento a otro, entre parpadeos, veía la silueta de Fernando y escuchaba como pedía ayuda. Pero los intentos fueron en vano, de pronto sentí como me faltaba el aire; fue cuando aparecieron las fotografías primero de los ecos de miel de mi vida a lado de Fernando, ver como pintábamos nuestro departamento. Cuando lo conocí en la universidad, mi primer beso…
Fue curioso ver al final, verme dormir en el pecho de mi padre cuando era un bebé, de un momento a otro, una sombra se atravesó, llevándome de regreso a la realidad. Yo estaba fuera del cuerpo y Fernando estaba lesionado gravemente, no sé cómo pudo salir a pedir ayuda. Con el hombro dislocado y la pantorrilla deshecha.
La voz en off de Fernando se repetía como un disco rayado, no sé cómo llegue al hospital, ni tampoco cuanto tiempo había transcurrido. El caso fue que Citlalli nuestra amiga de la universidad, fue a reconocer mi cuerpo y entre sollozos movió la cabeza de arriba abajo para  responder a lo que la enfermera decía. Al salir ella del mortuorio, yo la seguí de cerca. Veía las caras largas de mis familiares y de mis amigos del trabajo, no vi a ningún familiar de Fernando. Pensé para mis adentros - Esto debe ser una pesadilla, ya me despertare en unos instantes. Cuando al final del pasillo se veía una puerta con un marco de arcoíris del cual se desprendía una luz cálida y se escuchaban bellos cantos de pájaros. Mire hacia los lados, para tratar de asegurarme que no estaba alucinando, camine lentamente hacia él, de hecho hasta sentía el calor y la felicidad de llegar a ese lugar. Pero escuche que el  paciente Casas estaba perdiendo mucha sangre y que de no amputarle el pie, seguramente moriría también.  Suspire y corrí hacia la nada, no quería ver morir a Fernando.
El caso fue que regrese a la casa de mis padres, estuve ahí lo que equivale a tres años humanos, lo que para mí fueron tres días comunes de trabajo. En el primer día me entere que Fernando se había salvado y conservaba su pierna. Al siguiente día me entere que se había convertido en un exitoso escritor de novelas y en el último día que estuve en casa, fue el día en el que a mi padre le detectaron cáncer, sentí un vacío tan profundo, que decidí  deambular por las calles, sin saber de nada ni de nadie, me limite a  ver  la vida de los demás.
Y ahora estoy aquí con estas almas que como yo susurran todo lo que llevan dentro, algunos andan en conjunto, porque dicen que son una sola alma que se ha fraccionado por las veces que han reencarnado, algunas buscan acompañantes y algunas otras andan penando. A veces paso a sentarme al parque de la china, para conectarme con el más acá y de paso ver a Fernando, para tratar de enterarme de él, pero lo único que me cuentan las almas que ahí se reúnen, es sobre como su esposa murió trágicamente y como  se reinvento para ser el más exitoso escritor de la década.
En una noche oscura y lluviosa, mientras caminaba me pare a ver la estatua de José-José, vi como mi reflejo se ionizaba en el agua dando forma a una silueta sin un rostro definido. Cuando vino a mi mente como Fernando me cantaba  en el Sputnik – Buscando una sonrisa tuya….   Yo recuerdo ruborizarme porque hasta el desgraciado de Fernando era bien entonado, de haber estado viva seguramente la piel se me hubiera puesto de gallina. Fue entonces cuando un alma que nunca había visto se acercó a mí, parecía lejana pero de un momento a otro ya la tenía frente a mí.
Buenas noches señorita, que la trae por aquí esta noche tan especial. Dijo aquella sombra, sin notarse aun su rostro. Yo conteste rápidamente – La nostalgia del lugar donde uno fue feliz, pero ya me voy a casa. No se vaya dijo la sombra. Sé que usted es la esposa muerta de Casas pero le aseguro que él está bien, pero he venido a proponerle algo. Fue entonces cuando soltó la pregunta  ¿Qué haría usted por tener a Fernando a su lado? Ella comenzó a reírse – No puedo venderle alma al demonio, así que olvídelo. El mostro su rostro unos ojos dilatados y una sonrisa sarcástica la miraba fijamente – No pensaba en eso, ¿Por qué no visita, la casa de Fernando en estos momentos y mañana al amanecer nos encontramos en la casa vieja que se encuentra en la segunda de calle de Heliópolis? Ahí la espero. Que pase buena noche, la sombra desapareció.
Estupefacta y llena de misterio, me sentí atraída por la duda planteada por aquella alma. Así que fui a la casa de Fernando. Subí las escaleras del edificio hasta llegar al segundo piso, antes de entrar escuchaba cantar a Fernando – Mi vida, mi amiga, mi persona preferida, mi preciosa chiquita...mi felicidad. Al terminar la frase, fue cuando me arme de valor para entrar, nos vimos de frente, el portaba su característica camisa blanca arremangada, pantalón deslavado de mezclilla y los zapatos cafés que le regale en una navidad, los que se ponía en ocasiones especiales. El parecía que podía verme o al menos sentir mi presencia, yo sentía su mirada. Él se acercaba a mientras trataba de alcanzarme con la mano extendida, yo me diluí.
Fue entonces cuando él guardo silencio y se fue a la cocina. Yo lo observaba desde un punto ciego, fue entonces cuando salió de nuestro cuarto, Citlalli, de vestido negro y zapatillas. Le dijo que tenían que dormir porque mañana era el gran día de Fernando, la presentación de su nuevo libro. Él le paso una taza de té y la beso dulcemente.
Salí de ahí llena de rencor y odio, si ya sabía cómo era el muy cabron. Desde la universidad mi madre me dijo que era un Don Juan, y ahí voy yo de pendeja. Yo pensé que siempre me iba a amar, tan pronto se le olvido… hasta que la muerte los separe. Y así fue como me dirigí a la casa donde me había citado la sombra. Él ya me esperaba en la puerta, cuando estuve cerca le dije         – ¿Que hay que hacer? El respondió de un tajo - Necesito que me introduzcas en su casa, yo no puedo entrar sin un permiso. Vamos le dije de golpe mientras más rápido mejor. Fue así como lo lleve a la casa y ya estando dentro le concedí el permiso. La sombra se regodeaba mientras decía muy bien, has cumplido con tu promesa, ahora yo cumpliré la mía hoy a las 3:03 pm sucederá lo que tanto añoras.
Y así fue como regrese al parque de la china, muy impaciente pues ya quería ver a Fernando, abrazarlo y besarlo. Aunque no se bien si eso suceda en esta vida espiritual. Eran las tres cuando escuche decir a un señor que compraba tacos de canasta. Recuerdo que ese día estaba encapotado y justo a esa hora había comenzado la lluvia. Fue entonces cuando vi a Fernando en la acera de enfrente con el cabello mojado, él sonreía. Creí que podía verme bajo la lluvia, pero no me había percatado que Citlalli lo esperaba a un lado de mí. Fue entonces cuando vi a la sombra como pasaba de un reflejo en el cristal a otro, sabía que algo no iba a salir bien.  La sombra se posiciono detrás de Fernando y se lo llevo por un espejo, mientras su cuerpo caía lentamente. La gente no supo lo que paso, solo lo vieron ahogarse con su propia sangre. Citlalli corrió a su encuentro, gente que estaba cerca lo rodeo. Sin nada que hacer me quede petrificada, el silencio se hizo ensordecedor, mientras el cielo lloraba, pues un alma había muerto.




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