"El Conde Lucanor"



Este escrito es una reseña/análisis “tipo cuento” de la obra “El Conde Lucanor” de Don Juan Manuel, en él se hace referencia a personajes y temas que recibe como influencia de otros escritos.
Este novelista dotado de una gran sensibilidad percibe y siente todos los motivos artísticos de su época y crea el arte narrativo en prosa, o por lo menos, lo perfecciona y lo lleva hasta linderos desconocidos antes de él. En él se origina la novela y otros géneros literarios (pasos, entremeses, sainetes). Es una especie de narcisista literario, seguro de sí mismo, piensa que su obra no debe modificarse ni en una letra. Es alitado y cauteloso, y cree en su estilo ponderado, medio y conciso, en el que se dicen los conceptos con el menor número de palabras, ni en un ápice debe ser alterado. Quiere que su obra viva tal como él la escribió; que los intérpretes de la misma no divaguen en las dudas, sino que acudan a él, único que podría resolvérselas.
Para él, pues no hay sentido oculto en su obra, todo está a la vista con el resalte necesario para todos los que quieran verlo.
Su mérito está en haber convertido los animales de Calila y Esopo en personajes hombres, que se mueven con grandeza, es decir, con estilo dentro del cuento mismo, adelantándose algunos a la novela moderna.
Le corresponde pues, ser llamado el creador del género narrativo, que no es historia, sin novela, y por consiguiente el padre del arte de novelar hispánico.
Espero les guste!!

A A N C


“El Conde Lucanor”

Eran las seis de la mañana y Adrian se levantó de la cama con cierta inquietud, que le apresuró a vestirse. Mientras él se abrochaba el cinturón, su mente aún se encontraba perdida e incierta; tenía que decidir la prenda correcta. Su desesperación aumento cuando en la sección de cultura del periódico de esa mañana, se anunciaba la exposición de pintura denominada “La Prosa En El Siglo XIV”. Al ver el anuncio sintió que tenía muy poco tiempo para terminar su último cuadro y montar la exposición, tan solo tenía la remota esperanza de que se le ocurriera algo, de la mesita del corredor a la puerta de su estudio. Cuando llego al cuarto observó con detenimiento los otros lienzos que completaban su colección. Allí estaba una escena del “Decameron” de Bocaccio, La Peste De Florencia, arriba sobre la vieja mesa de trabajo se distinguía un momento caballeresco del “Libro del Caballero y el Escudero” de Don Juan Manuel, tan solo faltaba terminar el cuadro de “El Conde Lucanor”, del mismo escritor. En ese lienzo el Conde está sentado en una silla de una majestuosa sala y a su lado su fiel consejero Patronio. El Conde observaba los gestos que Patronio hace para explicar su conversación. El detalle que faltaba resolver era el tipo de sombrero que debía portar el Conde.
Adrian después de mucho investigar no podía decidir entre el borgoñón y una cucarda. El primero es un sombrero ancho y colgante, de copa alta y elegante; el segundo es un sombrero que cae en uno de sus extremos, un pedazo de tela que llega al nivel de los hombros.
Adrian lo seguía pensando mientras oía que alguien entraba a su estudio; era su amigo y compañero de trabajo Paolo que venía por los cuadros para llevarlos a la exposición.
Después de saludarse, Paolo se extrañó ante la dificultad que abundaba a su amigo.
-Estoy confundido, no sé qué hacer- le dijo Adrian- no sé qué tipo de sombrero ponerle. Paolo sin tratar de imponerle su criterio comenzó a sugerirle ideas para ubicarlo en el contexto en donde se escribió el libro del Conde Lucanor.
-Mira- dijo Paolo, con una voz tranquilizante- vamos a recapitular todos los elementos de la obra y del autor, para que tú mismo disipes las posibles dudas.
-Bueno- repiso Adrián, pues según lo que yo investigué está obra fue escrita por el infante Don Juan Manuel, escritor español, sobrino de Alfonso X el sabio y príncipe de la corona de Castilla. Nació en Escalona en 1282 villa de la provincia de Toledo; peleó ardientemente en la guerra contra los moros, muchos años pasó en estas lides allí cerca del mar mediterráneo, en la tierra Murciana. Al cabo de los años cuando la vejez llegó, el príncipe quiso depositar en un libro su experiencia con el mundo. Este libro es el Conde Lucanor, y es el más importante, porque en él se revela como creador del género novelesco en la literatura española y como uno de los grandes formadores de la prosa artística castellana, es por esto que decidí que este ejemplar debía llevarse a la pintura.
El conde Lucanor, mejor conocido como “El libro de exiemplos del Conde Lucanor et de Patronio”, consta de dos prólogos, cincuenta y un ejemplos y otras cuatro partes. En el primer prólogo, el autor nos plantea el por qué de su obra“deseando que los homnes fiziessen en este mundo tales obras que lesfuesen aprovechosas de las honras, et de las faziendas, et de sus estados, et fuesen más allegados a la carrera por que pudiessen salvar las almas”, menciona los libros que ha escrito y a quién va dirigido “Et por ende, fizo todos los su libros en romance et esto es señal cierta que los fizo para los legos et de non muy grand saber, como lo él es”.En el segundo prólogo parte de la idea de que a pesar de que los hombres son muy desiguales aprenden aquello que más les gusta “Et porquecada homne aprende mejor aquello de que sé más paga, por ende el que alguna cosa quiere demostrar a otro débegelo mostrar en la manera que entendiere que será más pagado el que lo habrá de aprender” En lo que respecta a los cuento, Patronio, consejero del Conde va contestando con ejemplos apropiadamente, a las preguntas de éste. En estos ejemplos figuran bastantes clases sociales, que van desde su padre, nobles de la época de Fernando III, mercaderes, hasta hombres buenos, reyes árabes, el pueblo mismo, mujeres bravas y mujeres sumisas y abnegadas. El lenguaje que utiliza el infante, es bastante claro y limpio, usa con mucha frecuencia la palabra más popular que puede encontrar, dentro de una dignidad literaria muy consciente y estudiada. Es importante mencionar que algunos de estos ejemplos se derivan de la Disciplina Clercalis de Pedro Alfonso, en fábulas esópicas y orientales y otros en la historia de España.
Mientras Adrián seguía hablando, Paolo hojeaba un libro en el que leyó algo que le pareció muy pertinente mencionar.
-Disculpa que te interrumpa, pero aquí encontré unas líneas que mencionan los temas y sus características. Mira aquí dice que, debido a la decadencia moral de la época, los temas de esta obra van a poseer una tendencia didáctica y moral muy marcada. Se enseñará a huir de la soberbia, de la ira, de la mentira, de la terquedad, a no hacer caso a la opinión de la gente, a no creer en agüeros y simples apariencias y sobre todo a terminar con honra cualquier situación.

Todo está dentro de una moral caballeresca, una moral que es práctica y humana pues exalta los valores en los que se basa la religión.
Esto lo podemos ver muy claramente en el ejemplo que habla de un filósofo que ocasionalmente entró en una calle donde vivían malas mujeres, el cual nos enseña que debemos rogar a Dios para que nos ayude a hacer obras buenas para la salvación del alma y para guardar la fama, honran y estado.

-¡Ah! Mira, aquí explican también las otras cuatro partes qué integran el libro-dijo Adrian quien leía también el libro- la segunda parte tiene el razonamiento que hace Don Juan Manuel por amor de Don Jaime señor de Xérica, gran amigo suyo, terminando con un centenar de proverbios de contenido filosófico casero, la tercera trata de la excusación de Patronio al Conde Lucanor, la cuarta del el razonamiento de Patronio al Conde, y en la quinta hace otro razonamiento pero de tipo teológico, en el que incluye un hermoso apólogo.
Uno de los méritos más importantes del autor, es que sabe extraer de la anécdota todo su contenido, con bien gusto, con una manera muy atractiva para el lector, además de que los diálogos encajan perfectamente en el carácter de la época, respetando el sentido de la fábula y dotando a los personajes y a la obra de vida y sabor. A propósito hay un ejemplo, que por cierto me gustó mucho, -explicó Adrian- en el que es vida a la verdad y a la mentira de una manera tan entretenida, que llama a la reflexión de esta moraleja: “seguid verdat por la mentira foir, ca su mal cresce quien usa el mentir”.

Tan entretenidos estaban Adrian y Paolo que no se daban cuenta que el tiempo corría con rapidez, hasta que el reloj marcaba doce campanadas. Al percatarse de que era ya muy tarde, Adrián decidió que el sombrero que debía llevar el Conde era la cucarda, porque se dio cuenta de que ésta pertenecía al siglo catorce, es decir, al siglo en el que se escribió la obra. Y así, al fin Adrian terminó su pintura, dirigiéndose junto con Paolo a la exposición, teniendo ésta mucho éxito por la gran cantidad de cuadros que se exponían, pero sobre todo por qué en ella permanecía un lienzo que escenificaba una gran obra literaria: “El Conde Lucanor”

A A N C

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