Limerencia
Recuerdo aquel día, en que nos conocimos, hacía frío y al hablar se podía ver lo cálido que era tu aliento.
Mi voz no despedía vapor, no podía verse, sólo que no te diste cuenta. Esa noche llevabas un abrigo, un gorro y unas botas aterciopeladas que en conjunto hacían juego. Estabas de pie frente a una ventana abierta viendo la lluvia caer. En tus manos una taza de café.
Lo único que puedo decir es, que fue un grato momento nuestro primer encuentro. Un mesero se te acerco diciendo – Buenas noches, ya casi es media noche y pronto vamos a cerrar el establecimiento. Se le ofrece algo más… No contestaste al instante, tu mirada estaba perdida, era fría y tan vacía.
-No gracias, sólo la cuenta. Tan pronto terminaste tu café, té alejaste de aquella ventana. Fuiste a tu mesa tomaste tú bolso y pagaste la cuenta. Tuve suerte, pues la salida estaba cerca de mi mesa. Estaba decidido a abordarte, no sabía como pero en el instante que pasaste frente a mí, te dije              -Buenas noches señorita, yo creo que muy pocas son las veces que uno llega a encontrar a personas así como usted. No son comunes y menos con unos ojos preciosos que aprecian los días lluviosos. Ya es media noche y aún está lloviendo.
Al ver las gotas de lluvia caer, me pregunto si se podrán comparar en número con la inmensa cantidad que aparecen de noche por el cielo. ¿Tú qué opinas?
Y así se me fue la noche, caminando bajo la lluvia y la luz de la luna, con las estrellas de testigo y en compañía de tus preciosos ojos y tu bonita sonrisa. Perdiendo la noción del tiempo, como si lo real dejara de serlo. Sin duda tú y yo éramos un amor a la medida. Y así vivo yo, atrapado entre recuerdos que no fueron reales pero que si existieron… La verdad no sé cómo hacer para olvidarte.
Yo te extraño mucho, igual que ayer, igual que siempre. Pero no estoy triste, pues sé que el dejar de verme y de hablarme te hace mucho bien. A veces pienso, que tal vez algún día vuelvas. Y me he preparado por si ese día llega.
Te hice unos cuantos poemas, te compre tu libro favorito, ojala te guste y lo quieras usar el día que te lleve a bailar, por fin aprendí a hacerlo. Sabes, una vez trate de inventarte pero no pude y fue frustrante, así como es frustrante desear con la misma fuerza que tengo de verte, el desear que nunca vuelvas.
Hoy a comparación de otras noches no ha dejado de llover, eso no es bueno y lo peor es que aún no tengo sueño. No sé qué estas esperando ¿Por qué tardas tanto? Ojala pudiéramos vernos sólo por un instante, aunque eso te metería en problemas. Sabes bien que las recaídas no son buenas, comienzo a sentir ligeramente la gravedad de tu mundo. A parte no es una noche como las otras, siempre llueve, pero hoy hay estrellas. Tal vez suene egoísta y arrogante pero la culpa es toda tuya, yo nunca te pedí que te enamoraras de mí. Tú así lo decidiste y bueno, yo, no tengo remedio tú me hiciste así. Aquí siempre es media noche, no transcurre el tiempo el tiempo. Y siempre está lloviendo. Siempre fue así hasta antes de conocerte.

Es mejor que me pongas a dormir, porque el que haya estrellas solo significa que has tenido un mal día, una posible recaída o que tu medicamento ya no esté haciendo efecto. Un día ya no salieron todas la estrellas, tan solo unas cuantas, fue el día que te diagnosticaron este trastorno llamado esquizofrenia, la cual causa que tu mente se divida en dos, una parte se relaciona con la realidad del mundo y la otra porción  interactúa en menor o mayor grado, con un mundo imaginario irreal al que pertenezco yo.
El efecto de tu medicamento me mantiene aquí en este espacio, que en realidad es el lugar en donde te conocí, donde el reloj marca media noche y puedo ver la lluvia caer y que con suerte en el lapso en que tú medicamento hace efecto para ponerme a dormir. A veces puedo ver a los testigos de nuestros encuentros…
Y aunque ya ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi, con eso me conformo yo.

Autor. J.A.R.E. RIVE

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