El limbo
Por Arturo Aguilar
El silencio marco
una barrera casi al instante, no había palabras para responderle a la sombra que
se alejaba entre parpadeos. Fernando sentía que perdía algo, fue entonces
cuando vocifero – ¡Hey Philip, espera un momento! El fantasma detuvo su andar, espero unos
segundos antes de girarse y presentarse de manera inmediata enfrente de
Fernando una vez más. Pero que rápido
cambias de ánimo Fer, sabes ahora que te
puedo observar tenso con el lamento en la garganta y el sentimiento en la
mirada; Entiendo tu éxito, tanto con las mujeres como en las novelas amorosas
que escribías. Pero bueno ¿nos vamos?...
Fernando veía
fijamente a la sombra mientras hablaba, algo en él le parecía familiar, el tic
en la ceja y aquel lunar en el pómulo izquierdo que no había visto la primera vez. Cuando la sombra
termino su discurso, Fernando movió la cabeza a los lados, mientras esbozaba
una sonrisa sarcástica. La sombra impaciente repitió Nos vamos, Fernando le hizo una seña con la mano y fue entonces
cuando la sombra se giró. Comenzaron una larga caminata a la velocidad de las
tortugas entre ese ambiente sepia- blanco-negro, era como si el pasado, el
presente y el futuro se presentaran al mismo tiempo.
El lamento de las
almas se escuchaba en todas las direcciones, cuando Fernando detuvo su andar la
sombra se detuvo de golpe también y giro de inmediato Que te pasa hombre ¿No tienes ganas de ver a Citlalli? Fernando miraba hacia lo alrededores tratando
de entender aquellos matices que lo envolvían, miro hacia abajo y observó que
apenas se notaban su pies sobre aquel piso gris. El sonido de un trueno llamo su atención, el cielo una vez más se abría
para dar cabida aquellas pinzas que tomaban las almas.
Fernando contesto
sin dirigirle la mirada a la sombra Y
bueno, ahora que soy solo una copia a calca ¿de qué carajos te serviré Philip?
La sombra quiso tocarlo pero Fernando empezó a caminar. ¿A dónde vamos? Pregunto Fernando, mientras veía a los focos
intermitentes en los semáforos y los transeúntes caminaban distraídos sin ir a un
lugar en específico. La sombra dijo vamos
a tu casa. Llegaron al edificio y rápidamente entraron al departamento de
Fernando, en el sofá estaba Citlalli escuchando música con los audífonos
gigantes que daban masajes en los oídos, así los nombraba ella. En el comedor se
encontraba un amigo al cual Fernando nunca había visto. En un recorrido rápido
por la casa Fernando se había dado cuenta que todo lo que le pertenecía:
Libros, Discos, Ropa y Fotografías. Todo había desaparecido y en su lugar se
encontraban libros de superación, fotografías, cuadros y ropas del amigo.
Fernando se sintió un poco infame, pero al final del día estaba muerto como
para poder reclamar algo. Quiso acercarse al tipo del comedor, pero la sombra
se le paro enfrente y le hizo señas para que lo siguiera.
El cuarto que
estaba de frente a la puerta, era el acceso al sanitario. Se encontraba más
oscuro que como lo recordaba, a Fernando le parecía ver la silueta de un ser
humano… lo comprobó cuando pudo ver esas cuencas vacías que se asomaban del
cuarto como escondiéndose, cuando Fernando estaba vivo ya se había encontrado
con el mientras se miraba al espejo y decía ¿Quién
soy yo realmente? Al cerrar los ojos
y repetir la operación dos veces más. Vio esos ojos vacíos y trémulos que lo
hicieron correr al cuarto.
Indeciso de
entrar o quedarse afuera Fernando se quedó en la entrada. Vamos, dijo Phillip con una sonrisa socarrona. En el fondo el
espejo comenzaba a iluminarse y parecía
tener humo, formaba el ojo de un huracán. Y como si estuviera hipnotizado
Fernando empezó a dar pasos hacia el espejo hasta que logro introducirse, el
panorama cambio, ahora veía como Citlalli como entraba al departamento hecha un
espagueti, su amigo sentado en el comedor comiendo su sopa instantánea pero más
que un ser vivo parecía un mueble del departamento. Citlalli lo beso en los
labios, se quitó la ropa y sin pensarlo entro al baño para darse una ducha.
Mientras dejaba llenar la bañera el espejo se empaño, la sombra observaba como Fernando veía
incrédulo la escena.
Citlalli cerró el
agua de la bañera y se sumergió por unos instantes por debajo del agua. Cuando
el amigo del comedor le hablo diciéndole
Has dejado afuera tu bolsa entro al
cuarto para dejarla encima del mueble donde guardaba los artículos de uso
personal. Citlalli ni se inmuto. Fernando apenas parpadeo y Citlalli ya se había
puesto de pie, ahora limpiaba el espejo, siguiendo la forma de sus ojos, sus
labios y al llegar a la nariz vio que un hilo de sangre se asomaba. Se miró
largamente en el espejo sin hacer ninguna expresión. Hasta que se armó de valor
saco un arma de su bolso y sin dudarlo se dio un tiro en la sien, Fernando cerro los ojos al observar las
chispas en cámara lenta, mientras que el amigo del comedor al escuchar el
disparo puso los ojos de plato y lo que masticaba duro ahí unos minutos más de
lo pensado.
El grito de
Fernando se ahogó tan pronto la iluminación se fue de la habitación, apenas salieron
del espejo, el ambiente estaba tenso y por primera desde que estaba en aquel lugar
Fernando sentía algo cálido. Philip desapareció de inmediato a Fernando se le
apagaron las luces y ahora tenía esa sensación de caída libre en remolinos.
Luz deambulaba en
el sueño de las almas tratando de comprender lo que había sucedido, intentaba
recordar el aspecto de aquella alma con la que hizo el trato. Pero por más que
busco no se encontró más que con otros amantes de las vidas anteriores. Una vez
más el destino parecía desviarla, la golpeaba tan fuerte… o al menos eso era lo
que sentía. El tiempo lo gastaba
pensando en recordar lo mucho anhelaba
estar viva y las cosas con las que soñó, ahora se sentía lapidada sin saber en
realidad que era lo que había sucedido y como se había convertido en una
esclava más de esa prisión del tiempo Que
no daría por abandonar todo. Que no
daría por lograr estar con Fernando. Y
si esto se trata de una lección, lo único que tengo que hacer es cambiar para
poder reencarnar. Pero ahora ni mi corazón está en paz, como pude venderle a
Fernando a ese soldado del poder del inframundo o como sea que se llame… Y fue así como logro acordarse, del escondite
de aquella sombra.


Arturo Aguilar no dejes de escribir, tus historias me envuelven en un mundo donde quiera seguir disfrutando más de historias tan exquisitas como las tuyas. 💐
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