Las serpientes del bajío
Por Arturo Aguilar
La tarde los alcanzó en Dolores, Hidalgo; al son del mariachi y al sabor del tequila parecía que no había manera de negarse a terminar la velada. Fue un impulso repentino del conductor designado el que determino que era el momento de irse de regreso para San Luis Potosí pues el domingo era sagrado, una especie de ritual en la cual Rigoberto se encerraba en su cuarto para no salir en todo el día. Sin más remedio Luis, Rafael, Armando y Ramiro subieron al Jeep convencidos de regresar a la primera de cambios, con la encomienda de volver a visitar a aquellas mujeres dueñas de la Finca “La Golondrina” y cumplir su promesa de hacer cosas inimaginables.
En el camino Luis sugirió que pasaran a comprar unas bebidas para el camino y algo ligerito para acompañar. Se detuvieron en la primera gasolinera que encontraron, Rigoberto pidió que le llenaran el tanque, mientras Luis entraba al “Súper Nopalito” indeciso miraba en los refrigeradores la cerveza “Walking Fish” y las latas de whisky con ginger. Influenciado por la última resaca sufrida se decidió por las palomas y los vampiros de lata. De camino a la caja tomo unas papitas. Al salir de la tienda siento un escalofrió esa electricidad en los hombros que regularmente pone la piel de gallina. Le dio las bolsas a Armando y le pidió a Rigoberto que le pasará su chamarra.
Ya en el auto Luis como el copiloto prendió la radio y le dio reproducir a aquel disco de Oldies que siempre se escuchaba cuando hacían un viaje largo. La luz de tablero se veía en el rostro de Rigoberto, un rostro que mostraba molestia. Luis sin pena pidió su vampiro y limpio alrededor de la lengüeta, abrió la lata y cerró los ojos para dar un gran sorbo a aquella bebida color granada tan refrescante que por un momento vio el rostro de aquella mujer. De un momento a otro el gas le subió por la nariz y despertó de aquel espejismo. Armando se burlaba de él argumentando que muy seguramente estaba pensando en Miriam –la anfitriona de la hacienda la golondrina-. Todos rieron al unísono mientras Luis se secaba el líquido espacio por el rostro.
Al terminar la primera ronda de latas los hombres de atrás ya tenían los ojos cansados y la comisura de los labios tensa que advertía su estado etílico. Para cuando cruzaron el letrero enorme acompañado de un molito bello decía “Gracias por visitar Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia” parecían pollos descabezados. Luis pensativo miraba el parabrisas que albergaba algunas gotas de lluvia acompañado de una corriente de aire frio que comenzaba a empañar la parte inferior del parabrisas. Salieron a carretera y no habían transcurrido ni diez minutos cuando un retén del ejército los detuvo.
Buenas noches esta es una inspección de rutina del ejército mexicano, le pedimos que apague el motor y todos desciendan del vehículo. Uno a uno los revisaron en la busque de encontrar algún rastro de droga solo encontraron las latas y las papitas a medio comer. En vista de que todo está en orden y que usted el conductor está en sus cabales, pueden continuar con su camino. Solo ya no les permita beber, que ninguno de estos hombres le cabe ni una gota más de alcohol. Buen viaje.
Reanudaron el viaje siguiendo la carretera, bajo el reflejo blanco de la luna. El frio se hacía presente y todos subieron sus ventanas. Todos parecían arrullarse con el motor del jeep y el calor hizo dormir nuevamente a los de atrás, Rigoberto comentó Ya me está dando sueño te parece bien que paremos en la siguiente gasolinera y manejes tú el resto del camino, Luis asintió y le pidió a Rigoberto que pusiera atención al camino. Pues a unos cuantos metros había unos troncos en la mitad de la carretera, Rigoberto piso al fondo el pedal del freno y el Jeep patino.
Luis y Rigoberto se miraron y preguntaron a sus amigos por su estado. Al escuchar la repuesta afirmativa, bajaron del Jeep un tanto desconcertados a remover los troncos. Cada uno tomo un extremo de uno de los troncos. Al levantar el tronco, salieron dos personas una con pasamontañas, el otro con un pañuelo que solo abarcaba parte de la nariz y descendía hasta el mentón; a punta de pistola los desprendieron de sus pertenencias. Rápidamente el sujeto del pañuelo se acercó al Jeep y soltó un balazo al aire diciendo. ¡Órale cabrones bájense hasta aquí llegaron!
El sonido de unas víboras llamó la atención de Luis, una se quedó cerca del agresor de pasamontaña y la otra un tanto robusta se dirigía rápidamente al Jeep. Mientras descendían Rafael, Armando y Ramiro, la serpiente robusta ataco al sujeto del pañuelo y la otra impaciente esperaba la señal maestra de un momento a otro se escuchó un graznido proveniente del árbol más cercano, era un ave de dimensiones extraorbitantes que levanto el vuelo. La serpiente había ejecutado, mordió al agresor que tenía en jaque a Rigoberto y a Luis. Para cuando el ave se posó de frente a Luis, el cuerpo del agresor con pasamontaña había caído como un costal de huesos, Rigoberto dejo caer el tronco y salió corriendo hacia el matorral sin detenerse.
Luis vio como el ave gigante se convertía en una hermosa mujer que lo invitaba a salir corriendo. Luis dijo No tengo a donde ir, así que lo que tenga que hacer hágalo de una vez… La mujer miraba a los ojos a Luis, veo que tus amigos te han dejado solo mientras hacía un ademan. No te preocupes serán la cena de hoy, el auto es de nosotras, lo único que puedo ofrecerte es que te acompañe Miriam. La chica que te mordía la boca en la tarde… digo no debes sorprenderte. La serpiente cercana tomo forma humana y le guiño un ojo.
Luis, observó como la hermosa mujer-ave arrastraba el cuerpo de Rigoberto ya sin vida, la mujer tenía la ropa empapada de sangre y de las comisuras unas gotas negras se escurrían. Como pudo subió el cuerpo al jeep. Se acercó a Luis para darle una cadena con un cristo mientras articulaba si sobrevives a esto Luis… será un placer recibirte en mi finca, sonrió con los dientes afilados manchados de sangre. Hizo una seña a Miriam y se introdujo en el auto, el cual haría dos paradas mas adelante.
Miriam le sonría al tiempo de le decía ¿Nos vamos? Luis no pudo articular ninguna palabra, las manos le temblaban en sincronía además no hubo tiempo de hacerlo pues Miriam ya había tomado forma de serpiente y con ello la ventaja por el camino de terracería a un lado de la carretera. Luis la seguía de cerca, sentía el cuerpo tan rígido que creía que en cualquier momento caería, víctima de la adrenalina, se le apagaría la luz y su lugar en la cena como plato principal estaba firmado.
El viento calaba en los huesos, la única la luz el rostro conocido de la luna. Entre los matorrales se escuchaba como si hubiera serpientes por todos lados, a lo lejos un coyote le cantaba a su manera a la luna. De un momento a otro Luis tropezó, tragando tierra, una tierra que parecía talco. Miriam tomo forma humana y le ayudo a incorporarse, los ojos de Luis se encontraron con los de Miriam. Parecía que salía del trance, se quitó lo que pudo de polvo y disparo la pregunta ¿Falta Mucho?
El sol se asomaba, Miriam contesto Saliendo de la curva esta la gasolineria Luis asintió, tomando la delantera por primera vez. El último tramo se hizo eterno y para cuando pisaron el primer pedazo de asfalto de la gasolinera iluminado por el sol. Miriam tomo del brazo a Luis y lo miro a los ojos diciéndole Por esta vez te dejare ir, pero tendrás que visitarme en ese café y cada vez que vengas tendrás que bañarte en limón… sino regresas a verme, te aseguro que te buscare y te cocinare… aunque me gustas más como compañía. Perpetuado Luis no dijo nada solo dio un largo suspiro, que fue complementado por aquel beso agridulce y frio que Miriam le dio como despedida.
Luis observo como aquella mujer cruzaba la carretera sin ninguna dificultad y tomaba el primer camión del día. Incrédulo de no ver ninguno de aquellos camiones blancos en toda la noche, camino a la cafetería.
Desde entonces se dice que cada semana se le ve aquel hombre cada vez más pálido en esa cafetería acompañado de una exótica mujer con la cual pasa toda noche. Para salir al día siguiente como cadáver al cual se le caen a tirones la piel.


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