Historia de una travesía
¡El sábado de madrugada me
levanté! Eran las 4 de la mañana, mi despertador estaba programado a las 4:45,
pero yo ya me encontraba despierta, había tenido una noche irregular,
despertando cada hora. Entre la excitación y expectativa del siguiente día,
entre los nervios de quedarme dormida y el miedo también de lo que iba a
suceder, finalmente me levanté a comenzar el ritual de cada mañana:
30 mililitros de jugo de limón
en ayunas y esperar 30 minutos. Mientras tanto bañarme con agua bien fría para
fortalecer el sistema inmune, vestirme y esperar a que el cabello secara de
forma natural, mientras sirvo de comer a Sorvolo mi pequeño gran perro quien me
sigue a todos lados preguntándose qué diablos hago a esas horas levantada y por
qué quiero que coma tan temprano. Finalmente come, el hambre canina nunca se
sacia.
Para entonces ya me puedo preparar
un licuado verde: nopal, espinaca, cilantro y perejil, apio (fibra para la digestión),
frutos rojos (antienvejecimiento) limón, jengibre, miel (antiviral) semilla de
moringa (energizante) una cucharada de colágeno hidrolizado para las rodillas.
Después de esta bomba es
requerido ir al baño, y esperar otros 15 minutos para volver a comer, pues me
falta aún la proteína, mi estricta dieta incluye comidas balanceadas de grasa,
proteína y carbohidrato de alta calidad, cada 3 o 4 horas. Mientras aprovecho
para bajar a Sorvolo a hacer sus necesidades después de que ya comió un poco sin
hambre y lo llevo a defecar sin ganas, pero ya que estaré fuera todo el día ¡ya
lo comprenderá!
Abajo en las jardineras, ni un
alma, ni una luz prendida de los condóminos, un frío de la fregada ya que mi
cabeza mojada baja la temperatura aún más… eso me hace pensar que seguramente
allá arriba hará un frío tremendo, no sé si voy preparada, ni modo, entre el
líquido, y la comida que llevo para seguir con mi estricta dieta ¡ya no puedo
cargar más!
Regreso a mi departamento y cocino
con aceite de coco un huevo con champiñones que meto en una tortilla y me la
como rápidamente, ya el tiempo me apremia, pero aun es necesario ir al baño
nuevamente y hacer 10 minutos de yoga para corredores, antes de bajar corriendo
a la parada del metrobus, cosa que me tomará 26 minutos a mi paso.
Finalmente, bajo a las 6:05 y ya
con el tiempo encima, tengo que apretar paso… aun esta oscuro, prendo mi
lámpara de led ya en movimiento para evitar cualqui……er accidente, demasiado
tarde, me tropecé con un tope vial… me levanto y evalúo el daño, una pequeña
raspada en la palma de la mano y otra en la rodilla, nada grave, solo el golpe.
Llego super sudada a mi destino
aún oscuro… una camioneta pasaría por nosotros para llevarnos a las faldas del
nevado donde comenzaríamos a subir, una ruta Perdida de Sky Running o lo que
eso signifique, aun no veo a nadie llegar, comienzo a sentir el frío sudor mezclado
con el fresco de la mañana. De repente se aparece Camilo, le encanta esconderse
por ahí y darme sustos de aquellos, y luego luego a reclamar que por qué me
pasé dos minutos de la hora de llegada, ¡siempre tan cuenta chiles en el
tiempo!, pero cuando él llega tarde, todos lo tenemos que disculpar.
Me empieza a platicar de su
noche anterior, se quedó a dormir en casa de la “güera” su ex novia, porque le
quedaba cerca del lugar de la cita,
-otra vez quiere regresar
conmigo, ¿tú crees? no sé por qué se le ocurren esas cosas…
Alzo mis ojos en señal de
fastidio
- ¿nunca se te ocurrió que irte
a dormir a su casa podría darle esa idea?
Mientras el sigue hablando, mi
atención regresa al frío y pienso -definitivamente no voy preparada, debería
regresar, ¡estoy a media hora de mi casa!...
-mañana hablaré con ella y le diré
que ya no me busque más, que esta vez es la definitiva.
- ¿tan definitiva como las
ultimas 8 veces? Mira ahí viene alguien
En ese momento llega Julio, ya
está clareando el día, nos saludamos y dado que aún nos falta Ulises y la
camioneta va retrasada por su recolección anterior nos acercamos con ánimo
decidido a la señora que durante este tiempo llegó y se instaló en su esquina y
vende tortas de chilaquiles y aunque en mi estricta dieta no se encuentra ese
platillo, pienso que necesitare calorías que quemaré después. Siempre muy
oportuno Ulises, llega en ese momento, así que con singular alegría los cuatro
degustamos las tortas de chilaquiles de Doña Ana. 5 minutos después ya estamos
todos trepados en la camioneta de la compañía de Montañismo con la que nos
apuntamos en la travesía, la publicidad decía: “Una gran experiencia para
aficionados ¡Ven y conoce la ruta perdida de sky running” creo que las únicas
palabras que leí fueron, “aficionados” y “running” sin duda iban conmigo y
¿cómo no? si yo llevaba a Sorvolo una vez cada tres meses al Desierto de los
Leones así que sin duda podía decir que había hecho montañismo, y definitivamente
era corredora de gimnasio en banda, así que según yo cumplía con los requisitos.
Medio dormitamos en el camino,
medio platicamos, medio nos quejamos todos del frío y la desmañanada, al llegar
allá el clima tan cerrado de neblina nos obligó a subir aún más del punto donde
se tenía considerado subir, ¡nos ahorramos 15 km uff! No supimos en ese momento
lo bueno que fue eso hasta que bajamos.
-Muy bien-dijo el guía- cámbiense!!!
¡Camilo, Julio, Ulises y yo nos
miramos y nos quedamos pensando a que se refería!
Nos quedamos parados viendo como
los demás se quitaban sus tenis y se ponían otros, sacaban chamarras, guantes,
gorros, bastones, sacaban y metían cosas en sus mochilas con una gran
habilidad.
- ¿ustedes no se van a cambiar?
-preguntó el guía.
-no, es que…
- ¡bueno, entonces vámonos! - me
interrumpió abruptamente
Comenzamos a caminar, no sin
nuestras respectivas miradas de reproche a Camilo, quien nos encandiló, una
semana antes por WhatsApp nos había compartido la gran idea de ir a una
travesía al nevado, ¡para grabar un show especial! - Que gran idea! - pensamos
todos- ¿Qué hay que llevar?
- ¡Nada! ¡Muchas ganas y una
chamarrita porque igual y refresca! - lo cierto es que ninguno de nosotros se
tomó la precaución de mirar los requisitos con el operador de los tours.
Así que ahí comenzábamos a andar
a 2,500 msnm para ir en busca de la ruta Perdida de Sky Running… hasta ese
momento seguíamos sin saber qué era eso.
A los 500 m de caminar, comencé a fatigarme y más
aún a no poder respirar, comencé a quitarme prendas, el gorro, el buff, la chamarra,
- ¿qué me pasa? - pensaba! Esto no es normal.
Poco a poco me fui rezagando
hasta que Camilo regresó por mi- ¿Estás bien? - no, pensaba, sin poder
responder- ¿quieres detenerte? - sí, quiero regresarme pensaba sin poder
responder. ¡Verdaderamente me era difícil respirar, más aún responder!
Consideré, estoy a 500 metros de
la camioneta, mejor me voy a regresar, así no le arruino la travesía a nadie.
Así que como si me leyera la
mente, Camilo dijo- si quieres nos regresamos a la camioneta y ahí los
esperamos a que bajen- ¡NO! - respondí- no le iba a arruinar el viaje a él.
Me obligue a continuar, pensando
un paso a la vez, no voltees arriba, paso por paso… ¡respira! después de un
tiempo, ni siquiera sé cuánto, mi respiración ya se había regulado- continuamos
juntos durante un rato rezagados del grupo principal, hasta que los divisamos a
lo lejos, pasamos por un estrecho boscoso, bastante resbaloso, donde Camilo cayó,
de purititas nalgas, lo bueno que las tiene bien, jajajaja, o eso presumía la
“güera”, pero aun así se dio un buen trancazo y eso le minó energías para el
resto del trayecto, lo que me vino bien porque se fue a mi paso.
Comenzamos a subir por una
colina bastante empinada y realmente sin sendero, por lo que había que hacernos
paso a través de ramas y arbustos, que hizo que el grupo líder disminuyera el
ritmo, y así los alcanzamos, cuando llegamos, Ulises y Julio echaban chispas,
comenzaron con sus reclamos,
- mugre mono, no somos
profesionales, ¿por qué nos trajiste aquí? -
-te pasaste ahora sí-
-no vuelvo a venir-
- ¡yayayayaya! ¡No sean
chillones, que ya falta poco, yo me caí y la Noemí no puede respirar, y no
andamos chillando! así que síganle o nos dejan.
- ¿Cuánto falta?
- como 2 kilómetros, no es nada
La subida nos pareció eterna y
por supuesto fue mucho más que 2 kilómetros, pasamos por todo tipo de terrenos,
arena suelta, monte sin sendero, piedra, todo cubierto por una espesa neblina
que poco nos dejaba apreciar que tan arriba estábamos, resbalamos múltiples
veces, nos arañamos y ensuciamos, ahora tenía sentido todo el equipo que al
llegar los demás sacaron. Llegamos a una cima, donde pudimos medianamente descansar
ya que el viento soplaba fuerte, y hacia un frío calador, ¡apenas unas cuantas
rocas nos protegían del aire! ¡No podíamos ni hablar, un poco el cansancio,
otro tanto el frio, otro más el ruido del viento que, aunque quisiéramos hablar
no nos dejaba escucharnos!, ahí cesaron un poco los reclamos de Ulises y Julio,
y yo, para qué gastaba mis energías en reclamar.
El guía recomendó que comiéramos
algo, hasta ese momento recordé que todo lo que pasaba a mis espaldas era
comida, saqué mis nueces, gomitas, amaranto, chocolate y todo snak que traía
conmigo y entre los 4 lo devoramos en un instante.
-Nos tenemos que mover, sino nos
congelaremos- dijo el guía.
Ya con energía y comida en la
panza, siguieron los reclamos:
-Pues claro que podemos morir congelados,
no somos profesionales, necesitábamos equipo especial
-de verdad que no vuelvo a venir
decía Ulises
- ¿Cuánto falta?
- Como 2 kilómetros
- ¿Ooootra vez? Preguntaron al
unísono Ulises y Julio
Nos pusimos en marcha, el viento
azotaba contra la cara, y mojaba todo lo que tocaba, así que era imperativo
caminar aunque ya no pudiéramos, y poco a poco el viento se fue llevando los
reclamos, los malos pensamientos, las preocupaciones, las demás sensaciones,
solo te podías concentrar en dar un paso a la vez en contra del viento, es una
situación en la que por unos breves instantes que en realidad parecen largos,
se cortan nexos con el mundo y donde el movimiento es la consigna primordial,
donde te encuentras solo con tus pensamientos cualquiera que estos sean, y
entonces la lucha ya no es contra la montaña, sino contra ti mismo.
¡Era como una montaña fantasma
que nos rechazaba con cada paso que dábamos, pronto nos encontramos saltando de
piedra en piedra, con esmero cuidado de no resbalar, ya que de un lado y del
otro no podíamos ver nada! Entonces entendí “ruta perdida de sky running” literalmente
vas en el cielo, estas tan arriba y sobre las rocas que la niebla te da la
sensación de estar suspendida en el cielo, ¡creo que ahí comencé a disfrutar!
Después de la dura subida se llega al cielo y te regala una sensación de
conquista maravillosa.
Además, en aquel punto no
podíamos ir más rápido, para no resbalar, y eso nos obligaba también a mirar,
para entonces ya volvíamos a escuchar las quejas de Ulises- ¡chale! ¿Dónde
estamos?, nos podemos morir aquí de un resbalón, y a nadie le avisé a donde fui-
aún no se daba cuenta qué tan lejos había llegado.
- ¿Cuánto falta?
-2 kilómetros- respondió Camilo
con sorna
¡Llegamos a las piedras más
altas! ¡Impresionantes monolitos ideales para unas fotos! ¡Lástima de la
niebla! De no ser por esta en las fotos nuestra hazaña habría sido tangible.
¡Por supuesto Ulises fue el más
entusiasta en tomar y dejarse tomar fotos, al final y después de todo habíamos
llegado hasta ahí! ¡¡¡Los logros saben a gloria cuando cuestan trabajo!!! Y vale la pena presumirlos.
De ahí la bajada un poco
técnica, en algunas partes un poco difícil, ¡¡¡pero nada comparado con la
subida!!! ¡El ánimo que inyecta la bajada es suficiente para logarlo, nos
perdimos tantito, porque el grupo principal se nos despegó bastante en la
bajada, pero el Camilo salió al quite con su súper reloj, tuvo la precaución de
descargar la ruta, pero no de avisarnos la inclemencia del tiempo!... al final
lo perdonamos! ¡Nada como unas chelas post montañismo para limar asperezas!
Una vez abajo, cuando llegamos
después de 20 minutos que los demás, nos animaron y bromearon un poco, pero nos
felicitaron por el esfuerzo, claro, todos ellos parecían recién bañados y
nosotros medio atropellados, sudados, mojados y por supuesto sucios, no
llevábamos cambios de ropa. Abordamos la camioneta un poco apenados por la
situación, y fuimos más abajo donde nos comimos una cantidad grosera de
quesadillas, también tomamos pulque, ¡toda montaña respetable parece tener en
sus faldas algún proveedor de pulque que brinda al montañista este brebaje de
consuelo. ¡Entre risas y bromas! Grabamos nuestro show. Muy satisfechos de
haberlo logrado.
A pesar de la experiencia tan
difícil, creo que si lo volvería a hacer... no creo que haya algo más difícil
que esto...
Cierro los ojos un momento para
saborear todo, el efecto reconfortante del pulque en el ánimo y en el cuerpo
adolorido, evoco el recuerdo de la difícil subida, la falta de aire, los
resbalones, el dolor, los pensamientos de desertar, el inclemente viento, el
frío calador, pero también vienen a mí los paisajes increíbles, la riqueza y
belleza del terreno montañoso, la bajada armoniosa, y finalmente las voces y
risas de mis amigos. Vencimos a la montaña, o eso es lo que queremos creer. Reviso
un poco las fotos que tomé, y sonrío ya que todo valió la pena.
-oigan- Dijo Camilo y su voz me
regresó al presente- me llegó una publicidad “7 cerros para principiantes” ¿se
animan? Grabamos otro show-....
¿Recuerdan cuando dije que no
había cosa peor que esta?, bueno! Me equivoqué, pero esa es oooootra historia.


Comentarios
Publicar un comentario