Encrucijada por Tristan Valdivia


ENCRUCIJADA 
por Tristan Valdivia

Imágenes poco nítidas, borrosas y unas más a poca luz desfilaban ante los ojos del cazador y todas tenían una conexión: Samuel Colt y el revólver; la luz de las velas alumbraban en rostro de Samuel, el arma, sus balas, la culata de madera y un tetragrámaton labrado a mano sobre ella…

-  Sólo quedan seis balas… ¿estará el arma cuando llegue?... Ella es la clave... Matarlo… Ojos amarillos...Balbuceaba el cazador.

De  la nada un estruendoso ruido hizo reaccionar y brincar al cazador, fue el paso de un camión a gran velocidad muy cerca del Impala; aunque se encontraba orillado al lado del camino no pudo evitar reaccionar con nervios.

- Debo beber menos y no cenar pesado, se dijo.
Tras incorporarse y sentarse en el asiento del piloto se quedó mirando fijamente a la nada pensativo sobre el siguiente paso, es decir, continuar hacia Jefferson City, lugar don se encontraba la Colt. El cazador recordó que Astaroth le reveló la localización del arma, pero en esencia él es un demonio y no hay que fiarse de todo lo que digan, difícil es predecir la verdad de la mentira, así miró hacia el asiento trasero del Impala y se estiró para alcanzarlo, era su diario, quizá ahí encontraría la respuesta para despejar las dudas sobre el paradero del arma. Al pasar varias de su páginas y detenerse en unas cuantas continuó leyendo hasta que se detuvo a leer un par minuciosamente. Alzó la mirada, dejó el diario en el asiento del copiloto, prendió el motor del auto y arrancó.

Mientras rodaba por la carretera vio un mapa de los caminos y cruces, se dirigía al cruce de la 61 y 49 en Clarksdale, Mississippi; no era la ubicación del arma pero era un punto para corroborar si se encontraba en Jefferson City. Tras varios días manejando, el cazador decidió hacer una pausa del viaje y descansar en un hotel en Memphis, Tennessee, estaba a poco más de una hora de su destino.
La mañana siguiente pasó a cargar gasolina, compró algo de comer para el almuerzo y avanzó en la ruta; el cazador sentía una atmosfera extraña a cada paso que se acercaba hacia el destino, reflexionaba que en algún punto se volvería a encontrar con Astaroth y no sólo con él si no con el puñado de soldados del infierno más, un simple exorcismo no detendría a un demonio de alto rango se decía pensando.

Al llegar a la 49 y dirigirse a la intersección de la 61 se orilló a la cafetería Carter´s, pidió un expreso doble y una rebanada de pie, mientras leía nuevamente su diario escuchó al gabinete de junto una conversación:
- ¿Supiste lo que le pasó a Dalton?, dijo una voz.

- Hablé por teléfono con su mujer Elise, decía que una noche antes de desaparecer decía “¡sus sabuesos, son ellos están al pie de la escalera; rugen, ahí vienen!” pero ella no vio nada. En eso Dalton se levantó del suelo todo asustado y salió corriendo, nunca más lo volvieron a ver, desapareció, Clarksdale es un pueblo pequeño y parece que se lo tragó la tierra, la policía del condado abrió la investigación pero aún no hay avances, replicó la otra voz.

Para antes de que terminara de hablar la segunda voz lo ocurrido, el cazador ya se había levantado del su gabinete, pagó lo consumido dejando el dinero sobre la mesa y salió apresurado de la cafetería, su instinto le indicaba que estaba en el lugar correcto para indagar sobre el paradero exacto de la Colt.
El sol se ocultaba mientras el cazador se acercaba al fin de su camino. Ahí estaba, como también se le conocía al cruce de la carretera de la 61 y la 49: la encrucijada. Después de haber leído lo necesario de su diario, el cazador orilló el Impala, abrió la puerta del pilo y descendió del auto, se dirigió a la cajuela y sacó de esta un arma corta que se metió debajo de la camisa gris oscura que llevaba sosteniéndola por sus pantalones vaqueros, se dirigió al punto central del cruce, se agachó y como si supiera por dónde comenzar, se puso en  cuclillas y con mano derecha sacaba tierra del suelo apresurado, hasta que tocó algo sólido, era una pequeña caja de metal, muy gastada por los años, la abrió y encontró varios objetos, entre ellos: una pulsera que parecía ser de una mujer, un abano muy viejo, una credencial de quien parecía ser un enfermo y algo que le llamó la atención, un trozo de papel donde firmaba una persona con las iniciales de R.J.

De una de las bolsas internas de su chamara el cazador sacó una de las tantas identificaciones con datos falsos pero que llevaba su fotografía, la dejó en la pequeña caja, la cerró dejándola en el suelo enterrándola nuevamente, acto seguido recitó en voz baja unas palabras:
Dómine, quam multi sunt qui tribúlant, Erípe me, Domine, ab hómine malo, Dómine, clamo ad te: cito succurre mihi…

Cuando en ése momento escuchó la voz de una mujer detrás del él…

- ¿Dónde estoy?, ¿usted quién es señor?, ¿puede ayudarme?, decía la voz de aquella mujer en tono nerviosa y asustada.

- Típico de ustedes, los demonios, haciéndose los que no saben, le dijo el cazador.
Aquella mujer era muy hermosa, de cabello castaño oscuro de unos ojos comúnmente castaños también una sonrisa cautivadora, llevaba un vestido de noche color negro muy sencillo pero a la vez elegante, era difícil no verla.

- ¿Disculpe?, le replicó la mujer.

- Déjate de juegos, ¿dónde está Dalton?, cuestionó el cazador.
En ése momento el semblante de aquella mujer pasó del temor a la ironía.

- Aburres con tu seriedad cazador, ¿viniste a ayudarlo?, de ser así llegaste tarde, su contrato finalizó hace dos días, dijo la mujer.

- Entonces fuiste tú; no vine por él, vine a pedirte ayuda, sé que eres un excelente rastreador y por tu rango en el sótano posees mucha información de lo que pasa acá arriba y necesito saber que me digas si es cierto que la Colt se encuentra el Jefferson City, Misuri, exclamó el cazador.

- No tengo porqué ayudarte, a menos que firmes un contrato al igual que Dalton, exclamó la mujer.

- ¿Qué te pidió él?

- Ya sabes, lo de siempre: dinero, casa, una buena familia y que su empleo como dentista mejorara; en una región como Clarksdale no se necesitan con frecuencia un dentista pero yo hice que así fuera, contestó la voz de aquella mujer que no era ella misma.

- Así que tú eres el mismo que en agosto de 1938 viniste por Robert Johnson después de que él te pidiera ser buen músico, destacó en el blues aun cuando la música no era su fuerte, exclamó el cazador.

- Touché, dijo la voz del demonio dentro del cuerpo  de la mujer.
- ¿Qué hay de tus sabuesos infernales?, preguntó el cazador.

- Parece que conoces bastante de mí, cuando llega su hora mis cachorros van a cobrar la factura, se les olvida “pagar” pero si disfrutaron de lo que pidieron, dijo la mujer en tono burlón.

- ¿Cómo sello el contrato contigo?

- Por qué no te acercas, me besas y lo averiguas, respondió la mujer
- Ya veo, se dijo el cazador

Mientras se desarrollaba la charla entre la mujer/demonio y el cazador caminando por el cruce, el cazador tomó un profundo respiro y se orilló, la mujer lo siguió pero algo la detuvo.

- ¡Maldito seas! Gritó la mujer, mientras sus ojos se tornaban en un rojo sangre que hacían notar que no era un demonio cualquiera.

- Touché, la trampa del diablo nunca me ha fallado, replicó el cazador

- Astaroth nos dijo que tuviéramos cuidado contigo, tu pasado e historia te preceden, cazador dijo la voz demoniaca
Entonces ése hijo de perra sigue vivo, entiendo, sólo lo exorcicé, se dijo el cazador.

- Debiste haberle hecho caso, le contestó. Sólo quiero saber el paradero del revólver, no es contra ti

- Lo sé pero aunque te lo dijera no llegarás con vida a su ubicación, todos en el infierno ya pusieron precio por tu cabeza y ojos amarillos, como le dices, dio aviso sobre ti.

- No me gusta la fama ni las cámaras, contestó sarcásticamente el cazador, sólo quiero que me digas si es cierto lo que Astaroth me dijo sobre la ubicación precisa del revólver y te dejaré libre.

- Qué obstinado eres cazador, aunque des con el arma no saldrás vivo de ahí.

- Entonces si está ahí pensó y para corroborar el dato empezó a decir unas palabras en latín de nuevo:
Regna terrae, cantata Deo, psallite Cernunnos,
Regna terrae, cantata Dea psallite Aradia.
caeli Deus, Deus terrae,
Humiliter majestati gloriae tuae supplicamus
Ut ab omni infernalium spirituum potestate,
Laqueo, and deceptione nequitia,
Omnis fallaciae, libera nos, dominates…

Después de aquellas palabras la mujer empezaba a retorcerse y comenzaba a emanar de su cuerpo una especie de vapor…

- ¡Está bien, está bien, deja de hablar eso y te diré lo que sé!, exclamó la mujer.

El cazador se detuvo y escuchó atentamente al demonio.

- Como te dijo Astaroth, el arma está en Misuri, custodiada por muchos demonios, no lograrás entrar y de hacerlo será difícil que salgas vivo de ahí.

- Eso no es asunto tuyo, aunque se te agradecen los buenos deseos y aunque me sea difícil reconocerlo lo haré, contestó el cazador.

Dando unos pasos, el cazador se agachó y removiendo parte de la tierra del cruce borró unas marcas que había dibujado, había quebrado el poder de la trampa, para cuando se irguió la presencia de la mujer se encontraba muy cerca de él…

- Igual que tus antecesores, cazador, tu padre y el padre de tu padre también vinieron en su momento a pedir ayuda pero tú tendrás un final diferente al de ellos…

Cuando el cazador volteó para contestarle al demonio, éste se había ido, dejándolo pensativo acerca de las últimas palabra sobre su padre y su abuelo, ya lo veremos se dijo así mismo.
Después de aquél encuentro y de saber su siguiente parada, el cazador levantó la cabeza y sabía que cuando la noche se hace más oscura es porque se acercaba el amanecer y Misuri estaba lejos; recuerdos a la mente le vinieron acerca de su padre por el hecho de que inconscientemente se convirtió en lo que ahora es y no había marcha atrás. Respiró hondo y entró al Impala, lo echó a andar, y lo arrancó. La radio se sintonizó por si sola en una estación, era el 106 de AM, aun cuando en carretera no hay señal para radio, era Cross Road Blues de Robert Johnson, sabía que por alguna extraña razón no era el propio Tommy, como también lo conocían, quien había sintonizado la estación, sino simplemente el recuerdo de que todo aquello que pidas a fuerzas que no conoces tiene un precio que a veces es tan alto que ni con tu alma puedes terminar de pagar.

Comentarios

Entradas populares