El Guardián de la montaña por Carolina García
El Guardián de la montaña
No me concibo escribiendo historias que no son
mías, historias que en realidad ocurrieron, a mi o a alguien muy cercano a mí y
que son comprobables de alguna forma. Así que voy a contarte otra de mis
historias, haciendo resaltar el hecho de que, aunque no la creas, no significa
que no sea verdad…
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Maria Estopas nos esperaba en la terminal de
indios verdes en su camioneta van donde nos llevaría a Tepeapulco a la carrera
anual, como siempre al Camilo y a mí nos tocaba esperar debido a su enfermiza
puntualidad en el México de los impuntuales.
Fueron llegando toda clase de personajes, no
quisiera sonar arrogante pero no creo que pensaran eso de nosotros, comenzando
con una pareja que parecía de la tercera edad, un señor de cabello cano y su
esposa regordeta de muy bellas facciones, el toda la facha de corredor, ella
toda la facha de para nada, ambos se veían muy respetables y se sentaron
delante de nosotros; después llegó otra pareja que llevaban unas mochilas
tremendas con mucho equipo especializado, si se tratara de ganar las carreras
por la apariencia profesional sin duda ellos habrían ganado, después una chica
de piernas largas, de piernas poderosas, parecía una Sailor Moon mexicana, la
cual nos dirigió una mirada, altiva para mí y coqueta para Camilo; otra pareja
más ella en extremo maquillada, peinada y enjoyada y él perfectamente vestido y
perfumado, Mari Estopas llevaba a su esposo el chofer y sus 5 hijos y hasta al
final, ya rayando en el límite de lo permitido en la impuntualidad Mexicana, en
ese punto en donde ya te ofendes, llegó una figura encapuchada, que se veía mal
dormido y mar comido, y a penas nos dijo un buenas tardes se buscó un asiento
hasta atrás y se durmió en el acto.
Ya estando todos listos comenzamos nuestro
viaje, entre ronquidos, conversaciones, snacks llegamos al centro de Tepeapulco
donde nos esperaba nuestro “flamante” hotel Los Tulipanes que para lo que había
costado el paquete-tour de la carrera en realidad estaba flamante,
los solteros nos ubicaron en habitaciones compartidas y nos dieron el itinerario,
por el resto de ese día podríamos pasear y tener tiempo libre, así que me reuní
con el Camilo en el flamante lobby del hotel jajaja y nos fuimos hacia el
centro corriendo para entrar en forma, vistamos la Iglesia una edificación
sobre otra, un templo sobre otro, es decir un templo católico sobre unas ruinas
prehispánicas. Mientras paseábamos Camilo me platicaba que le había tocado
habitación con el encapuchado y que sin cruzar una sola palabra, cosa rara ya
que a Camilo no le para la boca no importa con quién se encuentre, se echo a
dormir y de la misma forma que en la camioneta se durmió en un instante.
Conocimos la cervecería del pueblo, un salón
antiguo de techos altos y todo de piedra, donde te vendían caguamas micheladas
muy baratas y ahí concluimos la primera noche del tour y como era la única
Cervecería del pequeño pueblo, ahí fueron llegando los demás corredores a cargo
de María Estopas pudimos conocernos mejor y hasta platicar, excepto por el
encapuchado que no apareció en todo ese día.
Al día siguiente nos paramos a correr, para
aflojar previo a una carrera importante, en 5k conocimos una probadita del
paisaje de Tepeapulco, bastante hermoso, y nos sirvió de tour por la ciudad.
Mientras corríamos Camilo me platicó que el encapuchado no estaba cuando regresamos
del día anterior y que regresó muy entrada la madrugada, y que al despertar esa
mañana ya no estaba tampoco. Realmente nos tenía intrigados, creo que hasta ese
momento no le habíamos visto la cara y tampoco habíamos escuchado su voz.
Regresamos al flamante hotel y nos alistamos
para presentarnos en el centro a hacer el registro de la carrera, tomar
conferencias y tomar un tour nocturno. Había mucha gente, todos los comercios
abiertos y abarrotados de turistas, todos los hoteles a tope, Maria Estopas resulto
ser bastante hábil y ya nos había apartado lugar al grupo completo para hacer
el registro de forma conjunta, tan pronto nos tocó el turno a Camilo y a mí, le
quité el calificativo de hábil, ya que confundió nuestros registros y nos
reservó en una distancia mayor para la cual no íbamos preparados, estábamos muy
enojados, ya que o corríamos 30km más de lo que correríamos o bien corríamos la
distancia entrenada pero sin la validez oficial, nos preparábamos para armar un
escándalo, cuando otro escandalo nos eclipsó, el encapuchado que en ese momento
no estaba encapuchado, no estaba inscrito en la carrera, no llevaba el equipo
básico de participación y solicitaba efusivamente poder participar, de pronto
toda esa conversación, capto la atención de todos los presentes, el encapuchado
alegaba que nada del equipo requerido se necesitaba para correr, el comité
desorganizador afirmaba que era por seguridad de los corredores, en encapuchado
respondió que la seguridad del corredor lo proveía el “guardián de la montaña”
y que ningún equipo era necesario, que el se hacía responsable de su propia
seguridad, lo hicieron firmar una responsiva y entonces los dejaron participar.
Pero dejo esa frase retumbando en mi mente.
Continuamos con el itinerario de ese día,
recorriendo la plazuela de toros, la casa de Hernan Cortes, donde de hecho fue
el registro de la carrera, la típica foto en la caja de agua donde todas las
parejas metían las manos en el agua y eso se consideraba que ya se encontraban
casados en las antiguas costumbres, y ahí veías a todos metiendo y sacando
manos con singular alegría, nos convidaron pulque de las zonas aledañas, y después
comenzamos con las conferencias de temas particulares de competencia tales como
la hidratación en competencia, una plática por cierto, muy útil cuyos consejos
sigo hasta el día de hoy; el uso del equipo, el trazo de la ruta, los puntos de
abastecimiento y por ultimo una plática de un hombre que parecía más bien un
chamán que nos habló del espíritu de la montaña, nos dijo varias cosas que
impactaron mi mente, y no solo la mía sino que en general angustió un poco al
auditorio presente, ya que los antiguos creían que cada montaña tiene un
guardián al que hay que pedirle permiso para entrar y no sufrir calamidades,
las civilizaciones antiguas le conferían poder hasta a las piedras, y las
nuevas no creen en nada, son los extremos.
Nos fuimos con esa idea al recorrido
nocturno que para lo único que sirvió fue para enfriarnos un poco y al otro día
amanecer resfriados, en pleno día de la carrera. Al salir Camilo me contó que
el encapuchado no durmió, sino que meditó casi toda la noche y muy temprano se
preparó y se fue para su salida a las 6 de la mañana, ya que la correría 50k,
tan solo unos shorts, su playerita y tenis y salió. Los demás por lo menos llevábamos
mochila de hidratación, una chamarra y visera, y la pareja equipada, parecía
que correría por varios días.
Así comenzó la carrera al cerro
del Xihuingo, un cerro a 3,200 msnm, era de madrugada y estaba brumoso, aun
oscuro emprendimos la salida, amenazaba con ponerse muy soleado durante el día,
sin embargo estábamos cubiertos por una espesa niebla pero que aun nos dejaba
ver el camino, eso nos motivó, ya que corre en montaña con sol es un factor
complejo.
Los primeros 11km fueron una delicia, casi
un paseo, paisajes inmejorables a pesar del día nublado, terreno noble y nuestros
cuerpos se adaptaron muy bien a la altura, a la temperatura y al esfuerzo
requerido. Fue cuando pasamos el primer abasto que se comenzó a complicar, ya estábamos
fuera del alcance de los lugareños y ya un poco arriba del cerro, las marcas
comenzaron a escasear y aun cuando íbamos un grupo nutrido de corredores
cercanos, comenzamos a perdernos y cada uno fue tomando sus propias decisiones
de ruta, para fortuna mía, siempre llevo un GPS muy bueno, o sea, al Camilo que
si bien lleva siempre cargada la ruta en su reloj de 15mil pesos, también parece
tener un GPS cargado en el cerebro, así que nosotros con algunas chicas que lo
seguían a el, tomamos un camino diferente al de otros.
Pasamos varias bifurcaciones y siempre
encontramos alguien que pasaba y nos indicaba, o alguna señal medio escondida
pero determinante que nos guiara. En algún punto no se cómo ocurrió, nos
quedamos solos, las chicas que venían con nosotros las perdimos no se donde y
entonces ya muy arriba, la niebla comenzó a espesarse de repente, la señal
falló, la visión hasta ese momento nos costaba trabajo, un poco amedrentamos
disminuimos el ritmo tratando de discernir por donde ir.
En esas estábamos cuando apareció en un
instante un perro medio tilico, color miel, el color universal de los perros
callejeros, nos ladró y se sentó en medio del camino, tenía unos ojos igualmente
color miel muy profundos, después del susto que nos dió, regresamos nuevamente
a nuestra cavilaciones y decidimos seguir subiendo por un sendero muy bien
trazado que teníamos delante, nos despedimos del perro, al que Camilo llamó
firulais como a cualquier perro que se encuentra en el camino.
Seguimos ascendiendo ahora con una pequeña llovizna,
el perro nos seguía y se nos adelantó, llegamos a una roca, como un risco, un
monolito pequeño que parecía escalable, tenía una flecha roja hacia arriba, del
color de las marcas indicadas para nuestra distancia, todo parecía indicar que debíamos
subirla, tenía sentido por la marca y porque una noche antes estudiamos que había
que subir a un plano que nos llevaría a la zona arqueológica para una siguiente
abasto, finalmente el firulais se volvió loco de ladridos, tanto que llamó
nuestra atención, ¿podría ser? ¿Nos estaba queriendo decir algo?, me acordé de
Sórvolo mi perro que cuando se le cerraba la puerta del patio me ladraba
intensamente hasta que me llevaba hasta el lugar y me mostraba la puerta
cerrada, así el firulais parecía tener urgencia en que le hiciéramos caso,
-creo que nos está mostrando otro camino- le dije a Camilo, - Ay si, el
firulais conoce la ruta de la carrera?, no manches, debemos ir por aquí, si no seguimos
la ruta nos van a descalificar, no podemos confiar en un perro-, lo que decía era
bastante congruente así que comenzamos a estudiar como subir, nos fue fácil hasta
un punto, pero a partir de ahí se nos comenzaba a complicar, el perro abajo se seguía
desviviendo en ladridos, Camilo frustrado al no poder encontrar donde subir, me
dijo, voy a bajar y a seguir al triste perro a ver por donde me lleva, espérame
abajo.
Se demoró unos 10 min, regresó bastante
asombrado, -resulta que este pinche perro me llevó por un atajo que rodea la
piedra, parece que si podemos ir por ahí- yo lo miré – ya sé, ya sé, me lo
dijiste, quién se iba a imaginar que el perro habla- así seguimos al perro, nos
llevó por un camino lleno de árboles, bastante húmedo, con un paisaje muy
diferente a lo que habíamos visto hasta entonces. En un punto se salió del
camino , salto hacia abajo muy ágilmente entre piedras y quería que lo
siguiéramos , nuevamente un paso poco lógico con la ruta esperada, más aún nos llevaba
por un camino mojado donde prácticamente teníamos que bajar a rapel unos 6
metros con cuerdas que ya estaban ahí, pero en la reunión de revisión de ruta
ese punto no estaba marcado, sin embargo, para ese momento el perro ya nos
había demostrado que podíamos confiar en él, así que decidimos darle el
beneficio de la duda, total, debido al error de la Maria Estopas, nuestra
participación no sería oficial, así que podíamos experimentar.
Como siempre Camilo fue por delante y dijo-
voy a bajar, Espérame aquí- un par de minutos después, me gritó- ya puedes
bajar, con cuidado porque está resbaloso, no vas a creer lo que hay aquí-
cuando llegué abajo, después de mucho trabajo, porque efectivamente estaba
resbalosísismo, por un momento pensé, cualquier paso en falso y me mato, al
llegar abajo se desplegaba imponente ante nuestros ojos la zona arqueológica a
la que teníamos que llegar, no sabemos cómo, pero así fue, llegamos al abasto y
la gente del comité muy asombrados nos dijeron que muy pocos habían pasado por
ahí, y que los que habían llegado llegaron por otro lado y bastante
accidentados,-¿cómo le hicieron para llegar?- nosotros nos volteamos a ver, un
poco considerando si les decíamos que el perro nos había guiado, pero al
buscarlo alrededor, no vimos ningún perro, así que simplemente contesté-traemos
un guía profesional- nos marcaron el número y salimos disparados por el camino
que nos indicaron, nos topamos con el perro dos ocasiones más en momentos
críticos, y siempre nos sacó avante y a salvo, y siempre en zonas muy adentro
de la montaña, ya en la última etapa y en miras de la meta, lo vimos de lejos
en la faldas, casi como despidiéndose de nosotros y se adentró de nuevo.
Ya el tiempo apremiaba y apretamos el paso,
llegamos a la meta en un tiempo aceptable, sin mayor gloria, pero muy satisfechos
de la experiencia. Nuestra llegada coincidió con la llegada de las primeras
llegadas de la distancia mas larga, y cual sería nuestra sorpresa, que el
encapuchado llegó en segundo lugar, a partir de ahí, todo ocurrió rápidamente,
había que alistarse para salir del hotel, comer, descansar un poco antes de
nuestro regreso a la ciudad y no tuvimos mucho tiempo de reparar y repasar los
acontecimientos de la carrera, hasta que estuvimos en paz, en la camioneta
esperando que los demás llegaran, creo que ya mencione la obsesión enfermiza de
Camilo de cumplir con horarios, así que nos pusimos a comentar lo sucedido.
-Paisajes muy hermosos, terreno muy noble,
el clima favorecedor, físicamente rendimos bien, no ocupamos todo lo que
cargamos, pudimos ir más ligeros, nos sirvió el entrenamiento ya que no
acabamos tan amolados y tampoco fuimos pésimos, pero sin duda podríamos mejorar,
el marcaje medio chafa, pero el perro nos salvó, ¿quéee onda con el perro? Volvíamos
a estar impactados, por sus acciones, sus atajos sus intervenciones oportunas, eso
estábamos comentando, cuando escuchamos una voz rasposa, desde la penumbra del
asiento trasero que nos dijo- Encontraron su guardián- volteamos sobresaltados
y vimos al encapuchado medio maltrecho que se incorporaba con dificultad por el
esfuerzo de la carrera y se movía al asiento de a un lado de nosotros,- encontraron
a su guardián en la montaña, no todos los que se adentran a una tienen un
guardián, yo encontré el mío hace algún tiempo, siempre lo encuentro de formas
diferentes, pero siempre de formas en que llama mi atención y lo puedo
identificar- nos comenzó a contar varias experiencias de cuando comenzó a
correr en la montaña y así todo el camino de regreso, la figura encapuchada
misteriosa, se convirtió en nuestro amigo y en nuestro couch personal.
La montaña es enigmática, tiene un atractivo
especial, hace tres siglos no era explorada por considerarse peligrosa, y precisamente
ese es su más grande imán ¡el peligro! Su belleza es cautivante, para los que
no se sienten atraídos nos consideran locos, pero ¿Qué es esa fuerza extraña
que nos llama a subirla? ¿cómo es que logra encantarnos?, las montañas no son únicamente
rocas, terreno firme, hay un paralelismo poderoso entre la montaña y la vida
del hombre, las montañas también están echas de sueños, de deseos, de miedos,
de dificultades, de pruebas, de delicados pastos, de aguas de reposo, de valles
de sombra, por eso necesitamos un guardián, un guardián que no es que cuide la
montaña, sino que te cuida a ti en la montaña, de la montaña y por la montaña,
así mismo en la vida.
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A partir de ese día estoy atenta al guardián,
y como les dije al principio, probablemente te es difícil creerlo y sin embargo
no quiere decir que no sea verdad, quizá te hará falta enfrentarte a tu montaña.


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